el armado del sentido

un blog de eme filz

(irse y volver)

ella me dice ahora desabrochate la camisa y levanta los brazos, tus axilas son igual de prolijas que tus manos y me sonrojo por primera vez en doscientos veintitrés días y pone la firma en el carnet mientras tic tic tic cierro los broches a presión. Cuando salgo respiro profundo, casi psicóticamente, qué pensará la chica de recepción de mi cara pegada al vidrio que separa el lobby de la pileta, lo único que quiero es oler el cloro, lo único que quiero es el adelanto de mi cuerpo en el agua, el traje de baño tirante, los pulmones rítmicos al son de las brazadas, los músculos tensos en su resistencia contra la forma del agua. Afuera atardece. Hace diecinueve meses que no nado.

(La psicóloga me dijo que era invisible.)

La semana pasada me reencontré con la belleza en medio del velorio del tío Gelito.
Y en medio del restaurante, sobre mi plato de carbonara, se me quebró la voz al reconocer que Lauri me heredó una afición insensata para con la soda. Y todas esas noches que batía seis o siete cafés en un mismo cuenco para después repartir el mejunje milimétricamente en cada una de las tazas. Y su voz rugosa, dulce, diciendo soy la tía que duerme a los bebés de la familia. Y la veo sacando una remera limpia después de hacer varios kilómetros en bicicleta bajo el rayo del sol, siempre lista. Y también esa medianoche que se hizo el flequillo en el baño con la tijera de la cocina, siempre osada. La soda y miles de imágenes.
La muerte me entiende muy bien y yo no entiendo nada.

(Me dijo que estaba bloqueada.)

Me enfurecí tanto que saqué un pasaje al mar y después me hice un bollo en la cama y terminé de leer una novela y después otra y me dice dale forma porque sabes muy bien cómo se siente y me secó una lágrima y le digo que lo que no sé es que estoy sintiendo y me retruca pero sabes cómo se siente, dale forma y en la forma vas a entender el qué. Pero no soy una poeta. Soy una empleada. Una obrera de la imagen. Una hija. Una amiga en duelo. Un sistema autoinmune desquiciado. Una nadadora que respira tierra. Un bollo de piel y sangre que lee en la cama dijo haber estado oyendo voces?- Sí, en la televisión.

(Ahora es la mañana en la que vuelvo a nadar.)

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